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  • Foto del escritorVerónica S. Tejerina Vargas

Mujer – Medusa

por Verónica Stella Tejerina Vargas I ILUSTRACIÓN & ENSAYO I BOLIVIA

 

La autora nos trae dos ilustraciones acompañadas de un potente texto donde, a partir de la reflexión sobre lo monstruoso, nos presenta a la mujer-medusa como fuerza creadora y rebelde, heredera de una nueva historia.


“Que nada nos defina, que nada nos sujete. Que sea la libertad nuestra propia sustancia” (Simone de Beauvoir 1908-1986)
ILUSTRACIÓN: Verónica Stella Tejerina Vargas

Lo monstruoso no sólo se relaciona con lo grotesco y deforme, también habita los territorios de sus opuestos: el de la perturbadora belleza y perfección; ya que los aparentes opuestos terminan por tocar sus extremos y se convierten en partes de un todo que termina diluyéndose. Asimilar e interpretar las difusas partes contrarias está determinado por nuestra educación, cultura y normas sociales construidas e impuestas, que se convierten en los lentes con los que miramos, o creemos mirar la realidad. Lo bello y lo grotesco como contrarios nos permiten crear cercanías y alejamientos, calidez o frialdad, acción o pasividad, permanencias o huidas.


La genealogía de lo monstruoso tiene larga data y se relaciona con la dicotomía de lo considerado como bello y lo detestable, a través de la historia. Si bien los patrones de belleza han ido cambiando con el paso del tiempo, lo considerado monstruoso no ha variado mucho. Lo que se considera aceptable se encuentra en los límites de lo normal, armonioso, ordenado; en contraposición de lo considerado como anormal, caótico y desordenado. Nuestra mente ha sido programada para detectar lo que no encaja, lo escandaloso, lo extremo y lo diferente, para luego rechazarlo. De esta manera, es que nuestro comportamiento ha estado moldeado por las interpretaciones simplistas que todo lo dividen y juzgan, bajo los parámetros de aceptación o repulsión, sin pensar que estas características no son más que fragmentos de un todo mucho más complejo y abigarrado.


El sentimiento de rechazo y temor esconde, a su vez, la emoción y la seducción por aquello que rechazamos, pero que en el fondo nos atrae, y ante lo cual no queremos doblegarnos. Aquello que nos golpea los sentidos nos reta a su comprensión. El temor arraigado nos alerta del peligro y el daño, ya que estamos condicionados por nuestra naturaleza biológica que, ante un estímulo de peligro, nos hace escapar. Sin embargo, lo que nos atemoriza nos deja impresa una profunda huella emocional que nos es difícil borrar, porque lo grotesco, lo diferente y lo llamativo nos impactan más que aquello que se repite o nos resulta inofensivo o común. Así, lo bello, en algunos casos, termina siendo superficial y vacío y lo grotesco atrayente y profundo. Lo monstruoso nos confunde y nos hace entrar en caos, nos golpea los sentidos para hacernos mirar hacia adentro y contrastarlo con lo externo. De esta manera, huimos de todo aquello que nos desafía, asusta, confunde o aterra, pero que en el fondo esconde profundas enseñanzas.


Asimismo, la mujer se presenta aquí como un claro ejemplo de construcción genealógica histórica que ha transitado entre las dicotomías de lo bello y lo monstruoso. La mujer como construcción social y cultural, como una pieza fundamental del armazón social, ha sido encasillada en el mundo de lo bello, puro, delicado y sutil. De igual manera, la mujer ha sido moldeada en su pensar, sentir y accionar. El control ejercido hacia ella ha hecho que se la manipule para que no logre conocerse en su totalidad, para que se piense y sienta en función de otro validador que le permita ser y estar en completitud y, cuya identidad sea trazada por las normas aceptadas. Así, lo bello, lo recatado, lo silencioso, lo obediente, lo dulce, lo débil, lo sacrificado y sufrido ha sido alabado como sinónimo de una buena mujer, sin que se pudiera cuestionar la profunda manipulación a la que se han estado sujetas gran parte de la población femenina, negándoles su derecho a su autoconstrucción en libertad. Lo interesante de estos tiempos es que las mujeres ya no piden permiso para transitar y ejercer su derecho de “ser” en sus múltiples paisajes y matices, saliendo de los moldes impuestos.


Por otro lado, como efecto contundente frente a la restricción de libertades es que ha emergido la mujer-medusa, la mujer monstruosa, la bruja, la loca e histérica, la que se ha cansado de mantener el silencio, la calma y mantenerse en los límites de lo establecido como armónico y políticamente correcto. Ha nacido la mujer-medusa, la rebelde y monstruosa, la que no acepta, aquella que cuestiona y enfrenta; aquella que con su penetrante mirada paraliza e intimida. La mujer-medusa es poderosa creadora, y está aquí para quedarse sintiéndose orgullosa de su recorrido, de sus batallas y cicatrices que han moldeado su lado deforme y luminoso. El camino de la libertad debe ser conquistado sin temor, aunque se sienta el rechazo, la repulsión y el aislamiento de las estructuras que no logran comprender ni ver la belleza de lo aparentemente grotesco.


Los linajes de obediencia y opresión que arrastramos nos han impuesto sutiles cadenas que tenemos que estar preparadas para romper; es necesaria la muerte de las estructuras caducas para hacer que lo nuevo germine, para hacer que la verdadera y auténtica piel se exprese en confianza y certitud, para caminar firmes y erguidas sin temores ni inexistentes culpas o cargas impuestas. La mujer-medusa nos observa y nos demanda a ser fuertes, dispuestas a conquistar nuestro mejor territorio, “nosotras mismas”, siendo tierra fértil para las múltiples creaciones y transformaciones que puedan incidir desde lo estridente. Toca demoler todo lo aprendido, las historias que nos han dañado y apocado, limitando nuestra movilidad, nuestra capacidad pensante y sintiente con falsas recetas que encubren cárceles y mentiras camufladas.


La mujer-medusa nace poderosa y triunfante para recordarnos nuestra naturaleza, para descubrir el temor de aquellos a los que incomodamos o que nos atacan. Somos las herederas de una nueva historia. Somos la semilla de nuevas genealogías haciendo justicia con nuestras propias acciones, inteligencia, construcciones y manos. La mujer-medusa ha despertado, su mirada es potente. Ahora ya no podrán cortarnos la cabeza ni verter nuestra sangre; de la tierra retoñaremos renovadas. Ahora escribiremos una nueva historia, donde lo abominable, donde lo diferente y rechazado sea fértil piedra angular, donde nuestras voces estridentes resuenen, donde nuestros cuerpos sean invulnerables y nuestros corazones inquebrantables, porque lo monstruoso es más humano que lo cruelmente humano.


De igual forma, la mujer-medusa es la representación de lo temido, lo que debe ser desterrado, eliminado y cercenado por el falso héroe, el que no quiere perder su trono ni privilegios. El falso héroe que quiere aniquilar lo aborrecible, lo que no puede comprender o mirar, y de lo cual no quiere aprender, porque en el fondo es débil y cobarde. Sin embargo, no se puede destruir lo que en esencia es enérgica destrucción restauradora de libertad, placer y vida.


ILUSTRACIÓN: Verónica Stella Tejerina Vargas
 

SOBRE LA AUTORA

Verónica Stella Tejerina Vargas profesional boliviana – nicaragüense, magíster en Educación Intercultural Bilingüe (EIB) del Programa de Formación en Educación Intercultural Bilingüe (PROEIB Andes), en la ciudad de Cochabamba - Bolivia (2013). En esta ciudad obtuvo también su licenciatura en Lingüística aplicada a la enseñanza de lenguas, otorgada por la Universidad Mayor de San Simón (2006). Diplomada en Ciudadanías Interculturales por el Programa para la Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB) (2009), e Interculturalidad y Descolonización por el Instituto Internacional de Integración del Convenio Andrés Bello (IICAB) (2010), ambos en las ciudades de La Paz - Bolivia.


Además de realizar investigaciones en los temas de ciudadanía, interculturalidad y descolonización con pueblos indígenas y movimientos juveniles ha complementado su carrera académica con el de la fotografía y la ilustración artesanal/digital, ya que considera que el arte es poderosa herramienta creativa, generadora de reflexión, incidencia y transformación.


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