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  • Verónica S. Tejerina Vargas

La Pro-videncia

por Verónica Stella Tejerina Vargas I ENSAYO I BOLIVIA

 

A partir de un pasaje del Conde de Montecristo del escritor francés Alexandre Dumas (padre), la autora nos propone una reflexión sobre la Providencia como una fuerza "que nos reta al fortalecimiento personal, a la decisión colectiva y al trabajo incansable por alcanzar los objetivos de vida".

“Yo también, como le ocurre a todo hombre una vez en la vida, he sido subido por Satán sobre la más alta montaña de la tierra; llegado allí, me mostró el mundo entero y como dijo también a Cristo, me dijo a mí: “Veamos, hijo de los hombres, para adorarme, ¿qué es lo que quieres?”. Entonces, yo reflexioné largo tiempo porque, desde hacía mucho, una ambición me devoraba; yo le respondí: “Escucha; he oído hablar siempre de la Providencia y, sin embargo, no la he visto nunca ni tampoco nada que se le parezca, lo que me hace creer que no existe; quiero ser la Providencia, porque sé que lo más hermoso, lo más grande y más sublime en el mundo, es recompensar y castigar”. Pero Satán bajó la cabeza y suspiró: “Te equivocas”, dijo, “La Providencia existe, sólo que no la ves, porque, como hija de Dios, es invisible como su Padre. Tú no has visto nada que se le parezca, porque ella procede por medio de resortes ocultos y marcha por vías oscuras; todo lo que puedo hacer por ti es acompañarte hasta uno de los agentes de esa Providencia”. El trato fue hecho. Yo perderé tal vez mi alma, pero no importa- Prosiguió Montecristo-; y si hubiera que volver a tratarlo lo repetiría.” ( Alejandro Dumas. El Conde de Montecristo. Gradifco. Buenos Aires.2007:452)

La Providencia es la fuerza oculta que invocamos en silencio mientras buscamos respuestas, consuelo o cambio; ella es la entidad misteriosa que abordamos para demandar ayuda, cuando todos nos han fallado y nos encontramos abatidos. Con el paso de los años hemos peleado un sinfín de batallas, algunas las hemos evitado y postergado, otras las hemos enfrentado para ganarlas, otras, para perderlas; en todas ellas hemos probado nuestras debilidades y múltiples fortalezas. En el campo de batalla hemos creído que junto a nosotros la benevolente Providencia guiaba nuestros pasos, abría los senderos, moviendo sus invisibles y ocultos hilos a nuestro favor, haciendo caer a nuestros adversarios. Al mismo tiempo, hemos visto con perplejidad el fracaso inesperado, allá donde la victoria era inminente y segura. ¿Buena suerte?, o ¿mala suerte?; son palabras extrañas que reflejan aquello que desconocemos, los innegables mecanismos de las infinitas posibilidades que nos circundan, conmueven y sorprenden. Aquellos mecanismos que nos ensalzan o nos defenestran en cuestión de segundos.


Ilustración: Verónica Stella Tejerina Vargas

¿Qué es, o quién es la Providencia?, ¿cómo ganarse sus favores?, ¿cómo hacer que sus ojos se posen en nuestras vidas?, tanta gente la busca y persigue incansablemente para obtener de ella grandes tesoros como la fortuna, los placeres, el amor o el poder. Otros, más modestos, sólo piden protección, salud y sustento para ellos o sus familias. En todos los casos se pide, se ruega por no ser abandonados, ni ignorados por la caprichosa Providencia. Así, se hacen ofrendas, promesas y juramentos para obtener sus favores, para ser escuchados, para cambiar el rumbo del destino. De esta manera, el ser humano en su innegable fragilidad se acoge a lo desconocido, quiere creer con vehemencia que su vida puede ser transformada por seres invisibles y poderosos que tienen la potestad para conceder todo lo necesitado o anhelado. Sin embargo, la espera o el ruego sin acción nunca darán sus frutos. Pues, cualquier acción por pequeña que sea es un paso, aunque insignificante, ante la inmovilidad del deseo y la cavilación. Por tanto, la Providencia es la fuerza que nos reta al fortalecimiento personal, a la decisión colectiva y al trabajo incansable por alcanzar los objetivos de vida. Frente a la acción y la determinación humana, muchos obstáculos, aparentes, como el obstáculo de la desidia y la victimización caen hechos añicos. El individuo se cree debilitado por el peso de la vida y la muerte, que día con día nos enfrenta a los sinsabores, pero...cuando el humano se yergue en toda su altivez y majestuosidad despierta también la mirada de esas probabilidades, una de ellas la Providencia, que valora el trabajo y el esfuerzo de los "insignificantes" y "frágiles" seres humanos, seres que un magnífico día se dan cuenta de su grandeza,traspasando sus limitaciones y dudas. Por tanto, sólo el movimiento es la respuesta a toda plegaria y deseo, el movimiento constructor que nos provee, providencialmente de todo lo requerido.


La Providencia es también Pro-videncia, es la capacidad para ver más allá de las apariencias, para florecer en la alta capacidad de la mirada profunda, pues toda ruta y viaje empieza por la acertada elección del camino, por ver y analizar cuidadosamente los pros y los contras y no perder las valiosas oportunidades que nos salen al encuentro, en cada día de vida con sus 365 pasos. La Pro- videncia nos alienta a adiestrar la capacidad de ver a detalle. La videncia es el paso que antecede a la certera acción, al hacer, al crear, y al construir. Ojos y manos son indisolubles compañeros que se complementan para tejer, bordar y dar forma a nuestros más caros sueños. Por tanto, nosotros mismos nos convertimos en la Providencia, en esa fuerza poderosa que premia o castiga, somos nosotros mismos los que a través de nuestras decisiones o indecisiones nos proveemos de vida o muerte, hacemos nuestro paso probo o impío, honorable o despreciable. El mayor misterio es la vida y nuestra capacidad de experiencia, la Providencia lo sabe y nos observa paciente, sabiendo que nuestras peticiones serán siempre escuchadas y ejecutadas, siempre y cuando nos demos a la firme tarea de crear nuestros propios destinos. Todavía nos enfrentaremos a muchas batallas, pero esta vez, la confianza en nuestros recursos y en la posibilidad de la clara videncia harán la importante diferencia. La Providencia estará siempre a nuestro favor, inclinando todas las balanzas, porque la Pro- videncia seremos nosotros mismos,con toda nuestra potestad para premiarnos y recompensarlos, tras la ardua e inexplicable batalla contra la propia muerte.

 

SOBRE LA AUTORA

Verónica Stella Tejerina Vargas profesional boliviana – nicaragüense, magíster en Educación Intercultural Bilingüe (EIB) del Programa de Formación en Educación Intercultural Bilingüe (PROEIB Andes), en la ciudad de Cochabamba - Bolivia (2013). En esta ciudad obtuvo también su licenciatura en Lingüística aplicada a la enseñanza de lenguas, otorgada por la Universidad Mayor de San Simón (2006). Diplomada en Ciudadanías Interculturales por el Programa para la Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB) (2009), e Interculturalidad y Descolonización por el Instituto Internacional de Integración del Convenio Andrés Bello (IICAB) (2010), ambos en las ciudades de La Paz - Bolivia.


Además de realizar investigaciones en los temas de ciudadanía, interculturalidad y descolonización con pueblos indígenas y movimientos juveniles ha complementado su carrera académica con el de la fotografía y la ilustración artesanal/digital, ya que considera que el arte es poderosa herramienta creativa, generadora de reflexión, incidencia y transformación.

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