top of page
  • Foto del escritorVerónica S. Tejerina Vargas

Los sentidos y su sentido oculto en la obra de Jaime Saenz Guzmán

Actualizado: 3 ene

Verónica Stella Tejerina VargasI ENSAYO I BOLIVIA

 

En el natalicio Jaime Saenz (8 de octubre de 1921-16 de agosto de 1986), la autora nos embarca en un recorrido de la obra poética del escritor boliviano, donde experimentaremos el mundo sensible a través de la palabra escrita, pero también de los propios sentidos.


“Observando lo que acontece, y fijándome bien en las personas, yo aprendo lo que jamás podría aprender en los libros. Dios nos ha dado ojos para ver, orejas para oír, y manos para tocar. Ojos, orejas y manos, son los únicos libros que valen.” (Los Papeles de Narciso Lima- Achá. Jaime Saenz. 2008a: 190)

Introducción

Cada año, recordando el nacimiento del escritor paceño Jaime Saenz Guzmán, un 8 de octubre de 1921, su obra nos llama al encuentro, para releerla y escudriñar en esta profunda veta diversos temas que no dejan de maravillarnos y seducirnos. Y es que Saenz es el eterno seductor que nos deleita y hace viajar por el mundo de las palabras, las imágenes y la musicalidad de sus textos. De esta manera, emergen ejes temáticos de peso que nos develan y revelan los campos de interés en los que el maestro construyó, cual apasionado relojero, su monumental y precisa obra.


Una de las tantas peculiaridades del escritor fue la de impregnar profundidad y misticismo a todo aquello que lo rodeó. Es decir, que sus sentidos estuvieron orientados a construir un “otro mundo”, dentro de este mundo; pues su mirar, su escuchar, su tocar, su degustar y su percepción de los olores adquirieron ocultos sentidos para el autor y sus lectores. Todas sus experiencias fueron plasmadas en sus escritos, permitiéndonos también activar nuestro sentidos en otras dimensiones poco exploradas. Por tanto, a través de las citas halladas en los libros de Saenz podremos revivir lo que experimentó el escritor, evocando lo que en vida lo conmovió y movió, interpelando también el sentido oculto de nuestros sentidos[1].


Así, los puntos a ser desarrollados en este texto son: 1. Los sentidos y su sentido oculto en la obra de Jaime Saenz Guzmán. 1.1 El olfato y su embriagante sentido alquímico. 1.1.1 El olor, la mirada y el sentido de lo oscuro. 1.1.2 El olor, el sonido, el tacto y el sentido de las revelaciones. 1.2 La vista y el sentido de cambiar la representación de las cosas. 1.3 El oído y el sentido que guarda el sonido y las palabras. 1.4 El gusto y el sentido vital de los alimentos. 1.5 El tacto, las manos y el sentido de las entrañas como extensión de la piel.1.6 Las maldiciones y el sentido de destrozarse la vida para encontrarla.


1.- Los sentidos y su sentido oculto en la obra de Jaime Saenz Guzmán

En la obra de Saenz los sentidos están íntimamente relacionados, están imbricados y se complementan. Ellos son artefactos y mecanismos para percibir lo visible y lo invisible. Asimismo, la fascinación por la obra del maestro Saenz radica en transitar por senderos nuevos y desconocidos, pues ésta nos enfrenta y nos hace mirar, oler, sentir y escuchar de otra manera, captando lo sutil, aquello ignorado por insignificante; aquello que se escapa al verdadero sentido de nuestros sentidos; mecanizados y banalizados, al sólo ser utilizados para obtener placer y ver lo aparentemente superficial. Por ende, nuestros sentidos no son desarrollados en otras dimensiones, no los entrenamos para brindarnos nuevas experiencias, más profundas; para sentir, de manera más nítida la vida y también la muerte, lo oculto, o lo efímero, elementos que están muy presentes en el trabajo de Saenz.


A través de la lectura atenta, con Saenz se despierta el sentido oculto de nuestros sentidos, adormecidos por el trajín cotidiano, captando y descubriendo nuevos estímulos que sólo son posibles a través de la re-calibración de nuestro interés, esfuerzo y la voluntad de nuestro cuerpo. A continuación rescataremos los fragmentos más relevantes en torno a los sentidos y su sentido oculto en la obra del escritor.


1.1. El olfato y su embriagante sentido alquímico

El autor nos ayuda a descubrir peculiares olores, haciéndonos ampliar nuestra paleta olfativa, retándonos también a emular aquello que experimentó. Saenz posó su atención y sentidos en particulares estímulos externos, siendo el olfato el que lo conmovió, maravilló, llevó y elevó a extrañas e intensas experiencias, creando una devoción por registrar olores de su predilección, aromas que fueron relacionados con el olor del mundo, como a continuación queda expuesto:

“Los olores, conforme uno avanza en el camino, van apareciendo a lo largo de la vida. Los olores, que se desprenden del mundo y que te salen al paso en forma de imágenes, por lo general se te ofrecen en el momento propicio, por lo que no te será difícil atraparlos y guardarlos; más deberías cuidar mucho de no olvidar el lugar en que los guardas. Pues a cierta edad de la vida, el olor no es el olor; el olor es el lugar. Y como la memoria es frágil, deberás hacer memoria del lugar que ocupas, instante tras instante; pues el olor es ingrato, y si esto es así, no deberás olvidar que, a cierta altura de la vida, el olor eres tú”. (La piedra Imán. Jaime Saenz.1989:145)

Desde el mundo de los olores, Jaime Saenz tejió una narrativa propia, magnética, relacionándolos a los lugares o a las imágenes de los objetos que lo producen, o a los cuerpos. El olor es un proceso alquímico que amalgama el tiempo, la vida y la muerte. Para el autor el mundo tiene olor, los lugares tienen olor, y también uno mismo, en consecuencia es vital guardar estos recuerdos de lugares, objetos o personas. El autor relacionó los olores con la vida, con el paso del tiempo y con situaciones o imágenes impactantes, como lo mencionan estas citas:

“La pregunta es esta: qué olor tiene el mundo cuando uno ha vivido ochenta años […]. Y la verdad sea dicha: hasta donde yo sé, el olor que tiene el mundo cuando uno ha vivido ochenta años, es precisamente el olor que tiene uno, por lo que se puede afirmar que el mundo se ha olvidado de uno, me dijo.” (La piedra Imán. Jaime Saenz.1989:29)
“En realidad un olor es una vida, esto es, una experiencia vital. En definitiva, una obra. Y es éste y no otro el olor que se puede guardar. De tal manera, que la referida obra, en el fondo, significa descubrir el olor del mundo y nada menos; y esta es cosa de vida o muerte. Pues el olor del mundo te dará la medida de tu mundo”. (La piedra Imán. Jaime Saenz.1989:144)
“Y ahora que el viaje llegaba a su término, mientras que la presencia del mar se ofrecía con extraños resplandores en el horizonte, el aire empezó a rugir con abrumadora libertad, trayendo un olor desconocido por completo- al menos para los moradores de las alturas. Pues era el olor del mundo, he aquí una revelación. El mundo tenía un olor, y ese era el olor del mar. Tal la conclusión a que llegó Felipe Delgado al acercarse por vez primera a las vecindades del mar.” (Felipe Delgado. Jaime Saenz. 2007: 298)

A través de estas citas, el autor nos despierta la curiosidad ante los olores del mundo que debemos descubrir y registrar, sin olvidar que nosotros, habitantes del mundo, tenemos un olor propio. Ambos mundos se relacionan y contienen: el macromundo con el micromundo, ambos se inciden y juntos envejecen y cambian de aroma. Por otro lado, Saenz se detuvo también en el olor de objetos particulares, objetos que le despertaron curiosidad y fueron dignos de ser inmortalizados a través de sus palabras, así como situaciones que permitieron que estos ocultos olores emerjan y se revelen con su embriagante sentido alquímico, aquí se exponen algunos:

“Que se quede un momento la puerta abierta- dijo Delgado-. El olor de la lluvia me alimenta. Me pone jubiloso.” (Felipe Delgado. Jaime Saenz. 2007: 52)
“El olor de las aguas en que las flores han muerto, en las tumbas, me dará una medida de la vida; me hará ver el círculo de la disolución. De dónde vengo, a dónde voy, ¿Quién morirá primero: el mundo, o el hombre? ” (Felipe Delgado. Jaime Saenz. 2007: 75)
“ […] azotaba la tempestad, a sus embates sufría sacudidas misteriosas el buque, conociéndose su presencia por una presencia presentida, más bien que sentida, de unos hervores de vapor de agua, que parecían ocultarse en las profundidades, en las fisuras, en los fondos de la quilla, en las concavidades y en los mamparos, haciendo olorecer el buque con un olor que podía buscarse en la tempestad, pero que sólo se encontraba en la presentida presencia del vapor de agua, punto de referencia para orientarse bajo el signo de la oscuridad, de la niebla y del vacío, punto de esperanza ante la desesperanza causada por un olor ausente.” (Los papeles de Narciso Lima- Achá. Jaime Saenz. 2008a: 202)
“En mi cuarto había un olor a pino, que se mezclaba con un olor raro, parecido al de las flores que se quedan con agua y que se descomponen- en el Cementerio se percibe ese olor. Pero mi cuarto en realidad tenía muchos olores que se confundían en uno solo. Muchos olores, de cosas, de paredes y de puertas. De madera seca, de retratos, de papeles, de rincones. De no sé qué. El olor del estar, del vivir, y del mirar. Un poco desolado, como de una distancia que de pronto se te acerca y se queda, pero que sigue siendo distancia. Un olor propicio. Inolvidable. Sólo aparece con los años. Pues cuando uno se va, el olor se pierde para siempre. Habría que vivir nuevamente para volver a encontrarlo. Y sin embargo se está. Qué extraño.” (La piedra Imán. Jaime Saenz.1989: 72)

La lluvia, el agua de las flores muertas, los olores de vapor de agua de un buque que atraviesa la tempestad, acciones como la mirada, olores en los cuartos que se producen al ser habitados con el paso del tiempo, olores que envejecen y se añejan; Saenz nos trae los registros que también hemos guardado en la memoria, nos hace recurrir a nuestra propia experiencia de lluvia, flores muertas y viejos cuartos para recordar nuestra vida e infancia, para prestar atención a lo que vivimos, a lo que olimos, a lo que pudimos registrar y también olvidar. Incluso, Saenz nos evoca no sólo los olores agradables, sino los desagradables que también nos dejan una profunda huella:

“Una cosa rara se suspendía en el ambiente. Un soplo de fetidez, que por sí mismo revelaba su origen. Dominado por el pánico, vio aparecer una imagen, ya conocida, y se sintió perdido. Un sombrío presentimiento anudábase en su garganta. Aquel viejo que había aparecido en una chingana cuando la muerte del padre, y que se había puesto a cagar en el zaguán del convento, ahora aparecía nuevamente, y se paseaba por la calle esparciendo como un río de fetidez a su paso.” (Felipe Delgado. Jaime Saenz. 2007: 94)
“Si dejamos de poner aguardiente para que beba el fantasma, nos atormenta toda la noche y se queda el fantasma, rondando y buscando aguardiente; imposible dormir con el mal olor del fantasma. Delgado se puso pálido. -¿Tiene mal olor el fantasma? Preguntó con incredulidad y temor. – ¿Y cómo quiere usted que no tenga mal olor el fantasma, si todos los muladares de la ciudad reunidos son poca cosa en comparación? ” (Felipe Delgado. Jaime Saenz. 2007: 103)

Los vivos y los muertos tienen olor que, en algunos casos es desagradable. Esta situación nos revela la crudeza de la vida y los olores que produce el cuerpo, ligados, en la primera cita, a la presencia de un viejo mendigo que esparce su olor, sin que a él pareciera incomodarlo; este es un acto que genera división entre el viejo y los otros, pues este olor es rechazado. Aquí, el mal olor también nos abre los ojos ante realidades que, por lo general, se tratan de evitar. La segunda cita, en el caso del fantasma, nos revela que lo invisible es poseedor de olores que hacen visible lo invisible, a través de una presencia que se identifica y hace real lo aparentemente irreal.


1.1.1 El olor, la mirada y el sentido de lo oscuro

El olor traza un hilo invisible hasta los objetos que lo contienen, convocando inevitablemente a la mirada que busca abarcar y comprender el objeto donde éste se origina. En este sentido, existe una complementariedad entre olor y visión. Así, varias de las citas rescatan la importancia de la mirada en el acto de percibir los olores; es decir, que permiten que relacionemos los olores con imágenes y objetos, que en las citas nos evocan el mundo de lo oculto y lo oscuro. Aquí algunos extensos ejemplos:

“Hay que conocer el olor de la madera, del alquitrán y del petróleo, así como también el olor a botica, para saber lo que es bueno. Pues el malestar es el olor. Y precisamente iba a lo siguiente: el estar, en gran parte, depende del olor. Ahora ya cae la noche; y a medida que el mundo se envuelve en la oscuridad, yo me interno más en el mundo del olor. Y para profundo asombro de mi alma, se me revela una verdad. Pues el olor no es simplemente el olor, sino una cosa hasta tal punto extraña, que sólo se comprende por la mirada. Y no es que el olor tenga que identificarse con el objeto que uno mira, sino que uno tiene que mirar el objeto que emana el olor que uno percibe […] Pues el olor no es una energía que se libera en forma de vibraciones, sino una virtud que existe en estado latente en todas las cosas, y que se activa con la intervención de ese sentido que llamamos olfato, sólo que éste varía según, la índole de cada persona. Pues hay personas que no conocen ni remotamente el olor de la oscuridad, por ejemplo, pero para quienes, en cambio el olor del bronce resulta una cosa por demás conocida. Así también hay olores que resultan insoportables para unos, y gratos para otros; por lo que se podría afirmar, con justa razón, que la manera de ser de cada cual se refleja en los olores de que gusta. Y para parafrasear un conocido refrán, se podría decir lo siguiente: Dime qué olor te gusta, y te diré quién eres.” (La piedra Imán. Jaime Saenz.1989:141-142)
“Hoy y siempre habitan la morgue inmóviles y altas formas que deliran con silencioso delirio un delirio que sólo el olor evoca – y de tal olor por excelencia: un olor absoluto y soberano que, por su modo de estar y por su modo de quedarse, te enseña a mirar lo oscuro. Late y palpita en cada cuerpo que a su vez sólo ansía morir para conocer su propio olor. Con ojos desmesuradamente abiertos miran los muertos el olor de los muertos y se maravillan.” (La piedra Imán. Jaime Saenz.1989: 82)

Lo misterioso y lo oscuro ocupan un lugar primordial en la obra del autor, pues éste identifica a la oscuridad y la noche como elementos que emiten olor, generando nuestra sorpresa, ya que solemos detenernos en el olor de lo visible o lo que nos es familiar, pero no rastreamos o prestamos atención a elementos que nos demandan un mayor interés o concentración para identificarlos. Mirar lo oscuro es una de las llaves para acceder a estas revelaciones de un olor profundo y poco conocido. La noche, la oscuridad, el crepúsculo, la soledad y la muerte activan olores recónditos donde uno mira las cosas en profundidad como lo señalan estas palabras:

“En las calles en el lecho del río y en ciertos espacios de la ciudad, a la hora última del crepúsculo, yo miraba las cosas y los seres- y un olor recóndito, como de hierbas largamente guardadas en esos frascos inmemoriales, en los cuales suelen acomodarse muchas cosas sin nombre, sin color y sin substancia, llegaba a mis entrañas. Y ese olor suscitaba las imágenes de las cosas y de los seres que precisamente yo miraba. Y las cosas y los seres que miraban a su vez, pero miraban sin mirarme.” (La piedra Imán. Jaime Saenz.1989:136)
“Recio es el olor de los cuerpos, es recio el olor de la madera fría y tan sólo uno quisiera encontrar un ser que pudiera juzgar y sopesar el olor de su propia soledad. Tan sólo uno quisiera una mirada no de madre ni de padre, sino una mirada, solamente una mirada, que vigilara sus movimientos en medio de la inmensa ternura, en medio del inmenso llanto, en medio del inmenso ojo, que se mueve no digamos, en la morgue ni en medio de la noche, ni en la música, ni mirando la mirada de un amigo, sino que se mueve en la desolación.” (El Hospital. Jaime Saenz en La Mariposa Mundial N°18. 2010b: 96).

El olor y la mirada, cada uno por su cuenta o en total complemento pueden percibir y ahondar en la esencia de las cosas, cosas que tienen olor y se muestran ante el que huele y observa. Los olores más intensos emergen de objetos, lugares o situaciones particulares y extrañas. De esta manera, mirar y oler nos permite construirnos y construir nuestro mundo que se va nutriendo de intensas y humanas experiencias, tan sólo hay que saber mirar, contemplar y oler.


1.1.2 El olor, el sonido, el tacto y el sentido de las revelaciones

Si bien todos los sentidos se involucran en la percepción de la realidad, nos impacta la sutileza con la que Saenz se detuvo en detalles, objetos o situaciones concretas, extrayendo el conocimiento oculto que éstas guardan para el ojo, la mente y el alma curiosa e irreverente de los genuinos buscadores. La siguiente cita constituye un claro ejemplo de la inventiva del escritor, que relacionó varios sentidos en el proceso de las revelaciones:

“Felipe había descubierto un secreto que el piano guardaba. Toda obra del hombre tenía que gemir, y el piano con mayor razón; pues no podía ser obra del hombre aquello que no gimiera. Y desde que la música era obra del hombre, estos ruidos tenían que ser obra de la música. Por tanto, el ruido era inseparable de la música. Pues el dolor del hombre se transmitía a sus obras, y éstas se dolían por él. Y ahora Felipe hizo un segundo descubrimiento. Y por el impacto que produjo en su espíritu, le impresionó mucho más que el primero. Era el dolor. Mejor dicho era el olor. El ruido era el dolor; y el dolor era el olor- el olor del piano. Un olor recóndito, de vejez. De la vejez del hombre, más no de las cosas. Un oscuro olor, sumido en las sombras, un olor sepulcral, yacía en el olvido, en las entrañas del piano.” (Felipe Delgado. Jaime Saenz. 2007: 35)
Arte: Verónica Stella Tejerina Vargas

A través de esta cita somos testigos de la profunda mirada y los agudos sentidos del autor para poder develar lo impensado. Para el autor el dolor es el olor, jugando con la sonoridad de las palabras, hermanándolas, acurrucándolas, trazando un mapa que parte de la contemplación de un piano. Luego se escucha el sonido, ruido o gemido que éste produce, una especie de dolor se transmite al que escucha y observa, el que siente y se duele con todo el cuerpo; y ese dolor, ese gemido tiene un preciado olor a viejo en lo profundo del piano: “ya que el dolor es el olor”, lo que duele huele. Por esta cita, el lector es transportado a una particular experiencia sensorial, evocativa, mezclando sonidos, olores y dolores; una creación literaria que trascienden los límites de las percepciones lineales. Así también uno se pregunta: ¿qué cosas de nuestra realidad suenan, huelen y duelen? Es gracias a esta cita que podemos crear una incipiente y distinta mirada hacia aquello que nos rodea.


1.2. La vista y el sentido de cambiar la representación de las cosas

La mirada tiene un poder, los ojos son canales que muestran el verdadero estado de las personas, el afecto, hastío, distanciamiento, cercanía o complicidad. Los ojos y la mirada acercan o repelen a través del lenguaje y la información que de ellos brota. Así lo señala esta cita: “¿No te has fijado cómo lo miran? Si tuvieran veneno en los ojos lo matarían.” (Los papeles de Narciso Lima- Achá. Jaime Saenz. 2008a:71) Sin embargo, la mirada puede ser también un acto de generosidad para con los demás, como lo contrasta esta cita: “Muy bien, señores. Todo hay que mirarlo con cariño, como si fuera uno mismo; hay cosas chistosas, y también cosas tristes; todo tiene su valor, y por eso hay que fijarse bien, para saber lo que pasa en este mundo. Yo, como buen poeta práctico que soy, tengo ojos y oídos para todo.” (Felipe Delgado. Jaime Saenz. 2007: 120)


Para Saenz, los ojos permiten contemplar y meditar junto con las cosas que se miran. Los personajes del escritor así lo reflejan, quedándose absortos, mirando diversos objetos, que en realidad son la excusa perfecta para entrar en profundos estados alterados de conciencia, trascendiendo el curso de las cosas, estos fragmentos así nos lo confirman:

“Observando la manera de estar de alguna cosa de algún aparato de una caja de una puerta de un cuerpo Miguel Hirbajando encontraba la manera de cambiar el curso del destino en toda cosa y en todo lugar encontraba espacio y tiempo y aprendía a vivir y morir contemplando un clavo solitario que se hallaba en lo alto de la pared el cual arrojaba una sombra fantasmal y siempre alargada que cortaba el suelo de norte a sur y que al mismo tiempo señalaba el este y el oeste configurando así la representación del mundo que Miguel Hirbajando imaginaba por las noches.” (Tocnolencias. Observando la manera de estar. Jaime Saenz. 2010a: 53)
“ Ahora se quedó con los ojos clavados sobre el nocturno visitante decidido como estaba a no apartar ni por un instante la mirada y tendría sus buenas razones para ello y por cierto muy sobradas pues no ignoraba el significado de una contemplación como ésta y sabía muy bien que una vez comenzada ya no conocería término de tal manera que se dispuso a llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias como que en realidad no le quedaba otro camino según se lo confesaba en lo íntimo cuando a todo esto hizo acopio de valor y serenidad e invocando al invisible que se materializaba en la imagen de la mariposa nocturna y poniendo infinito cuidado en no apartar los ojos de ésta retrocedió cautelosamente y alargó un brazo para buscar a tientas una silla en la que se instaló a tiempo que se despedía del mundo y de la vida con mirada fija y con aire contemplativo allí se quedó inmóvil para siempre jamás.” (Tocnolencias. Había que ver al invisible. Jaime Saenz. 2010a:21)

Las citas anteriores nos permiten transitar por situaciones poco comunes. A través de las manías, o las fijaciones de los protagonistas de Saenz interiorizamos las inquietudes, temores, ocurrencias y reflexiones de un pasado, que en esta época parece una pérdida de tiempo y hasta un absurdo, pero que por esa misma causa tienen un valor incalculable, porque nos hacen romper con la monotonía de lo importante, de lo conocido o lo válido. Saenz nos hace prestar atención a lo pequeño, a las señales de la vida, representadas por los objetos más insignificantes como un clavo, una caja o hasta por los insectos.


La mirada es una poderosa herramienta con la que configuramos la realidad, desentrañando los secretos de los objetos que custodian información revelada a los inquietos, que al igual que Saenz no le temen a lo descabellado, a lo distinto y, por supuesto, a la pérdida de tiempo que demanda el contemplar y descubrir. Gracias a la obra del maestro podemos conocer en profundidad el valor de la mirada y el observar de los artistas:


“Para los grandes artistas no hay problema que valga – declaró Beltrán-. Ellos se inspiran y se acabó. Hay que tener en cuenta que ellos agarran, por ejemplo, y salen a la calle, miran una cosa, miran otra, y miran lo invisible. Para ellos no existe cosa visible, por la sencilla razón de que todo lo visible es vulgar, y como tal, no tiene ni pizca de inspiración. Para ellos solamente es bello lo invisible; es decir, lo que no existe. Ellos saben muy bien que tienen que creer en lo que no existe, es decir en la inspiración, porque si no, están perdidos: adiós inspiración. La inspiración es una cosa invisible; una cosa que no se ve; pero que sin embargo, ellos la ven en todas partes: en las calles, en el tranvía, en sus casas y hasta en sus camas. Lo que pasa es que ellos miran, ellos ven.- Con perdón de usted- Dijo a todo esto el Delicado- , una pregunta: ¿acaso nosotros también no vemos? ¿Acaso no estamos mirando esas paredes, esos taburetes y esas copas? – Claro que nosotros también estamos mirando estas paredes, estos taburetes y estas copas, y todo lo que usted quiera- Dijo Beltrán-, pero con los ojos; en cambio los grandes artistas miran con el alma. Como ustedes podrán comprender, señores, lo que se ve con el alma, tiene que ser invisible; y lo que se ve con los ojos, visible; ahí está la cosa.” (Felipe Delgado. Jaime Saenz. 2007: 118)

Gracias a la cita anterior podemos identificar la diferencia que hace el autor, entre la mirada que se da con los ojos, que puede ser superficial; y un otro tipo de mirada, que se da con el alma, en profundidad, aquella que es empleada por los artistas para ver lo invisible. De esta manera, Saenz no deja de aportarnos elementos que nos permiten reflexionar en torno a nuestra propia experiencia sensorial y que nos alientan a trascender los límites, logrando cambiar la representación lineal de las cosas, aprendiendo a mirar y descubrir lo que se halla oculto como lo expresan estas palabras: “El Illimani se está – es algo que no se mira. En el Illimani, el cielo es lo que se mira; el espacio de la montaña. No la montaña. En el cielo de la montaña, por la tarde, se acumula el crepúsculo; por la noche, se cierne la Cruz del Sur. Ya el morador de las alturas lo sabe; no es la montaña lo que se mira. Es la presencia de la montaña.” (Imágenes paceñas. Jaime Saenz. 2012: 15)


1.3 El oído y el sentido que guarda el sonido y las palabras

El sentido del oído está relacionado al mundo del sonido y las palabras. Saenz es un incansable trabajador de las palabras, y prestando atención a la sonoridad de todo lo que existe, es importante rescatar los fragmentos de sus obras que evocan lo que para el escritor significaban las palabras y los sonidos, representados en la música. Así rescatamos algunas citas relevantes:

“De ahí que haya querido buscar de alguna manera una respuesta a la siguiente pregunta: ¿Por qué el poeta quiere mirar y tocar la palabra? Sólo se identifica lo que no tiene nombre; en realidad nada tiene nombre, por más que todo tenga su nombre –pues para el poeta sólo tiene nombre aquello que él ha nombrado, ya que no será lo que es sino aquello que haya sido nombrado. La palabra no es mera palabra; es una cosa- la cosa es la palabra. Por otra parte, una cosa real y tangible. Y tiene vida y muere; nace y envejece. Es como un ser humano. En lucha con los elementos, a merced de los designios, de las calamidades; bajo la amenaza de la enfermedad, de la ruina y la aniquilación. Sin embargo su duración discurre no en el tiempo, sino en el espacio; de ahí el misterio que acumula y que es siempre misterio en edades y mundos. Pues el misterio es la palabra; la palabra existe. Y su existencia providencial es pan del hombre, y este a su vez el pan del que se nutre. La palabra en todo caso, es el hombre; y por otra parte es hombre.” (La piedra Imán. Jaime Saenz.1989: 111-112)

El nombrar, el emitir sonidos con un significado y mensaje, va más allá del simple hecho de comunicar; para Saenz las palabras tienen vida, por eso su afán por “mirarlas y tocarlas”. Por tanto, el sentido oculto de las palabras radica en su fuerza contenida, que se convierte en una cosa o un ser. La palabra es el objetivo primordial del poeta que la nombra, la esparce y la comparte. De igual forma, cada palabra debe ser cuidada y no tomada a la ligera, ya que como afirma el autor: “Es peligroso jugar con la palabra; palabra suelta no tiene vuelta.” (Felipe Delgado. Jaime Saenz.2007:59). Es decir, que cada palabra emitida tiene una consecuencia.

El sonido nos convoca a descubrir su sentido oculto. Aquí rescatamos un fragmento que nos hace pensar en el sonido de la humanidad: “Es solamente un alarido profundo. Viene de lejos. Nada tiene que ver con el vientre, ni con los pulmones o el hígado. Es, llanamente, un alarido, ante el cual uno quiere irse, apaciblemente, a la luna, llevando ciertos cabellos de cierto niño profundo. <<Un alarido profundo tiene que ser siempre>>, me han dicho, <<el alarido de la humanidad>>”. (Poesía reunida. Jaime Saenz. 2015: 61-62)

A todo esto, el sentido del oído se deleita, no sólo con las palabras, sino también con la música, que es un sistema de expresión que nos conmueve y logra llevarnos a otros niveles de sensibilidad. Sin embargo, para Saenz la música guarda un sentido particular, un sentido oculto, al estar dividida como lo señalan estas palabras:

“La música está partida en dos –escribía Felipe- Una de sus mitades se mueve, y es la que todos escuchan; la otra mitad se queda en el oyente del silencio. La música se deja escuchar a medias y retorna a su propio seno antes de haberse deslizado por completo en nuestro cuerpo. Nos quedamos empavorecidos ante la confirmación de que alcanzaremos el fuego del universo el rato menos pensado, al unificarse la música en medio de un vértigo, cuando lleguemos a encontrar la estrella que buscan nuestros ojos noche tras noche.” (Felipe Delgado. Jaime Saenz.2007:325)

En consecuencia, el oído es el sentido que capta las palabras y los sonidos, enfrentándose a un mundo diverso que, como nos deja ver el autor, puede ser impensado; ya que todo lo que creíamos “normal” oculta dimensiones que nos hacen re-pensar nuestras concepciones de lo real, y de todo aquello que nos sale al encuentro. Nos toca sensibilizarnos ante el milagro de la música y ante la existencia de las palabras como seres vivos.


1.4. El gusto y el sentido vital de los alimentos

Los alimentos son la expresión cultural de los pueblos, representan también la vitalidad del lugar donde se los comercializa; así como la fecundidad de la tierra que los produce, apaleando el hambre de la gente. Para Saenz los lugares de abasto son tan vitales como los mismos alimentos, ya que es en los mercados donde las personas pueden satisfacer sus necesidades básicas. Así lo manifiesta el siguiente fragmento:

“Aquel que quisiere conocer el estado de las cosas en lo tocante a precios, calidad de los productos y volumen de abastecimientos, y todo problema concerniente al ramo siempre complejo de los artículos de primera necesidad para la mesa, deberá echar una vistazo al Mercado Rodríguez; pues el Mercado Rodríguez constituye el mayor centro de productos agrícolas y de carne porcina y de cordero en La Paz, y en él se abastecen todos los demás mercados de la ciudad con cuantas maravillas nuestra bendita tierra se place en regalarnos.” (Imágenes paceñas. Jaime Saenz. 2012:55)

El autor reflexionó hondamente en torno al alimento, como un lazo inquebrantable con la tierra y con las raíces que permiten sentirse parte de un colectivo. Así lo manifiestan estas palabras: “Mucho extraño mi tierra, y hay noches que lloro a solas porque extraño mi tierra. Tengo pena de mi cielo, de mi gente, estoy alejado de mis costumbres y de mi casa. En una palabra extraño el chuño, el ají, la caya, la chalona. A diario extraño estos mis alimentos.” (Los papeles de Narciso Lima- Achá. Jaime Saenz. 2008a: 209-210).


Los alimentos nos posicionan en un territorio determinado, en el que compartimos sueños, trabajo y vida. Cada persona necesita del alimento para poder contar con las fuerzas necesarias. Por tal razón, el autor se sensibilizó con la realidad de la gente, reflexionando sobre el hambre; aquí el fragmento que lo corrobora:

“Lo único que quise decir era que el hombre debería estar libre del hambre a la edad de cincuenta años, y desgraciadamente no lo está. A los sesenta, a los setenta años nada importa, a los ochenta ni hablar, cuando el hombre ya no sirve. Pero a los cincuenta años de edad, cuando el hombre está en la flor de la vida, no debería faltarle absolutamente nada, y mucho menos el pan. Hay gente que se dedica a predicar el amor, pero ¿qué saco yo con el amor, si lo que necesito es pan? ” (Felipe Delgado. Jaime Saenz.2007: 97)

Fuertes son las palabras de Saenz, pues indican que el alimento es más importante que el amor, mostrando que apalear el hambre es una de las necesidades primordiales. A través de esta cita se critica fuertemente que a cierta edad las personas no tengan estabilidad económica para gozar de un digno alimento. Del mismo modo, al ser el escritor, parte de un tejido social y cultural tan intenso, no pudo menos que retratar algunas de las costumbres de las que fue testigo, como lo señalan las siguientes palabras:

“Había abogados, había sacerdotes, había magistrados, había joyeros, y hasta poetas había, entre los principales invitados a las macabras comilonas que, con uno u otro pretexto, Hermenegildo Fernández organizaba. Era de ver cómo aullaban los comensales con lo que picaba el picante; y con pañuelos tan grandes como sábanas, que guardaban para el efecto y que extraían oportunamente de sus bolsillos, amarrábanse ya la frente, ya la nuca, ya el cogote o la quijada, para restañar el sudor en medio de lastimeros ayes y sordos bramidos que proferían con lo que picaba el picante. Y no contentos con devorar el primer picante, habiendo dado buena cuenta de éste y habiendo dejado limpio el platazo, pedían otro picante, y luego otro, y enseguida otro, satisfaciendo así su sed de picantes y halagando al mismo tiempo la vanidad de los dueños de casa.” (Vidas y Muertes. Jaime Saenz. 2008b:26)

De esta manera, Saenz retrata los excesos que se cometen en nombre de la comida, que, en muchos casos, es parte fundamental de la ostentación y muestra de poder económico y cultural de los dueños de casa. Este es un retrato cabal de los mecanismos sociales y económicos que se mueven en torno a los festejos en los años en los que el autor estaba vivo, y que perduran hasta nuestros días.


1.5. El tacto, las manos y el sentido de las entrañas como extensión de la piel

Ya para concluir nos encontramos con el sentido del tacto, el cual nos permite tocar y sentir el mundo que nos circunda, tocarlo con las manos y también experimentarlo con toda la piel. En este sentido es que Saenz nos regala también las reflexiones de sus personajes en torno a las manos y su poderoso sentido oculto, resaltando su importancia en la construcción del ser humano, y la construcción del mundo. Así lo expresan las siguientes citas:

“En su opinión, las manos eran un milagro, y semejante milagro no podía menos que llamar a graves y profundas meditaciones. Pues si bien la sabiduría era patrimonio exclusivo del espíritu, el hacer humano en su integridad se debía al milagro de las manos. ¿Qué sería del hombre si le faltaran las manos? – se preguntaba Antonio Ávila Jiménez: ¿Acaso alguien se atrevería a negar la mayúscula significación de un instrumento hasta tal punto milagroso, como en efecto lo eran las manos?” (Vidas y muertes. Jaime Saenz. 2008b:111)
“Claro que las manos han hecho el mundo del hombre, así como también el hombre ha hecho un mundo con sus manos, de donde se desprende que el mundo del hombre no se habría realizado, de no haber existido las manos. Pero esto aparte, las manos son algo más. De hecho las manos son el mundo. Nada sería que las manos tocasen los objetos, pero la cosas es que las manos tocan lo mágico al mismo tiempo que los objetos, y con esto lo mágico toca las manos.” (La Piedra Imán. Jaime Saenz. 1989: 68)
“La cabeza no es nada y el estómago menos, en comparación con las manos. La cabeza será todo lo respetable y admirable que uno quiera, y será una cosa digna del mayor de los asombros, pero ni siquiera sospecha lo que las manos piensan, ya que estas piensan con un pensamiento que ni tiene absolutamente nada que ver con el pensamiento que pensamos, pues aquel pensamiento en realidad no lo es, pero quién sabe qué constelación de extrañas vibraciones configuran un pensamiento aparte.” (La piedra Imán. Jaime Saenz. 1989:68-69)

Podemos identificar que para Saenz las manos piensan, las manos construyen y sienten el mundo, pues su importancia es fundamental incluso por encima de la cabeza; ya que las manos pueden tocar más allá de lo superficial, ellas tocan la dimensión de lo mágico, de lo profundo y lo velado. Con respecto al tacto, otro aporte de los escritos del autor es ampliar la dimensión del tacto, las manos y la piel, a otros sistemas internos, como el caso de las entrañas que permiten también sentir y percibir el mundo y el dolor. Las siguientes palabras nos ilustran lo expuesto:


“El llanto es nuestro desahogo”, pensaba Delgado; “pero es quizá imposible llorar por algo que jamás ha existido. Se llora la pérdida de un ser querido o su partida, pero cuando nos golpea un misterioso dolor y descubrimos que algo que no conocíamos acaba de desaparecer, entonces el deseo de llorar estrangula nuestro corazón, y nos hallamos clamando desesperadamente a nuestro corazón, en un momento de helado estupor. Y este es el momento en que sentimos un dolor misterioso, un dolor más bien corporal, y que sin embargo se sitúa en algún lugar desconocido y que duele en sí, como ajeno a la carne y al hueso, y que vuela en medio de nuestro vacío, en la oscuridad y el silencio de las entrañas.” (Felipe Delgado. Jaime Saenz. 2007: 285)


La piel, el cuerpo, los ojos y su llanto nos permiten experimentar el dolor, pero otro dolor más profundo, más recóndito que trasciende lo netamente físico se sitúa en lo recóndito de las entrañas, en aquellas ciegas oscuridades que logran ver de otra manera el exterior, como lo corrobora esta cita: “Y es así que salgo encorvado a contemplar el interior de la ciudad y uso del tacto desde mis entrañas oscuras.” (Poesía reunida. Jaime Saenz. 2015:87)


1.6 Las maldiciones y el sentido de destrozarse la vida para encontrarla

Si bien los sentidos y su sentido oculto nos permiten descubrir e interactuar con el mundo, son estos mismos sentidos que nos hacen transitar experiencias tortuosas; Saenz se refirió ante ellas como “maldiciones”. Sin embargo, nuevamente nos encontramos que para el autor lo considerado como algo nefasto, evitado o peligroso es parte de la vida, y no debe ser temido ni rechazado. En todo caso, el sentido de destrozarse la vida tiene por objeto el de encontrarla, ya que las maldiciones producen movimiento, y al acercarse a la muerte y a los excesos también se intensifica la percepción de la vida. Las siguientes palabras así lo explican:

“Todos tenemos nuestras desgracias y todos nos aguantamos. ¿Acaso no nos aguantamos? Todos preferimos vivir a cuestas con nuestras desgracias y con nuestras maldiciones, y no queremos morir. Sólo la muerte puede impedir que ocurra lo que ocurre. Lo que ocurre es la vida. La vida y nada más que la vida. […] El aguardiente es la maldición, por lo que a usted se refiere. El aguardiente hace ocurrir lo que ocurre […] usted llama y llama y atrae al mal y a la desgracia por medio del aguardiente; otros llaman por medio de otras maldiciones. Un gran misterio […] Yo llamo por medio de la carne. La carne de la mujer […] Usted llama por el aguardiente, yo por la carne. Hay quienes llaman por medio de la comida; y esa maldición es terrible. A parte de ocurrirles lo que llaman por medio de la comida, engordan sin querer y caen muertos de gordura, yo le diré. Entonces siguen engordando hasta cumplir un mes de muertos, y hacen estallar el cajón. […] Sin la maldición nadie viviría. Para ahuyentar a la mitad de la maldición hay que rogar a Dios, y al mismo tiempo, hay que ser bueno para con la maldición.” (Felipe Delgado. Jaime Saenz.2007:225-226)

Las maldiciones acaban con la vida; todos y todas cargan con alguna. No obstante, como señala el autor, a través de las reflexiones de sus personajes, se debe ser bueno con la maldición. De nada sirve tratar de reprimirla o destruirla, ya que lo que parece como malo en el fondo no lo es, pues como lo señalan sus palabras: “La mala suerte es buena suerte. Ese es el secreto”. (La Piedra Imán. Jaime Saenz. 1989:152). Saenz es un experto para darle la vuelta a las cosas, y sobre todo, para hacernos repensar aquello concebido como bueno o malo; para él y sus personajes la desgracia o el dolor enseñan a vivir y a morir de forma valiente y despierta. Por consiguiente, las maldiciones y el sentido de destrozarse los sentidos o el cuerpo contribuyen para encontrar lo que es en esencia la vida.


Conclusiones

Por todas las citas y reflexiones compartidas en este texto, podemos concluir que la obra de Saenz no nos deja indiferentes, ella nos permite identificar renovados senderos para el tema de los sentidos. En Saenz, el darle vuelta al sentido de las cosas nos ayuda a repensarlas y, por tanto, a experimentarlas de diferentes maneras sensoriales. Por la gran cantidad de citas identificadas en los tópicos mencionados al inicio de este escrito, nos damos cuenta de que el autor ahondó, desde la propia experiencia, en un mundo propio, regalándonos los hallazgos de sus descubrimientos.


Es así como el escritor nos hace pensar en los sentidos superficiales y en los sentidos profundos y los ocultos, aquellos que deben ser trabajados y entrenados, para poder renacer ante un distinto tipo de experiencias. Es como morir y renacer, es una nueva percepción de la vida y la muerte, y de todos los elementos que nos rodean. Al ser Saenz un conocedor de lo profundo y lo oculto, éste nos enseña a acercarnos con una mirada de asombro ante sensaciones, a las que por estar tan acostumbrados, no reparamos ni prestamos atención.


Los sentidos y su sentido oculto en la obra del escritor Jaime Saenz Guzmán nos permiten viajar y vivenciar lo que en vida fue tema de escritura para el autor, desmenuzando lo que el sentido del olfato, la vista, el oído, el gusto y el tacto experimentaron en un ser tan llamativo como Jaime Saenz. Como resultado, podemos identificar ideas de peso que nos nutren en esta dimensión distinta, en este sentido oculto de la experiencia sensorial.


Arte: Verónica Stella Tejerina Vargas

El “olfato y su embriagante sentido alquímico” nos permite trazar un mapa entre los objetos y el olor que de ellos se desprenden, relacionados todos ellos con el mundo, con el tiempo, con la vida y la muerte. Algunos de los olores que Jaime Saenz retrató en sus libros fueron: el olor del mundo, que es uno mismo, el olor del mar, de la lluvia, el olor de la tempestad, el olor de su cuarto al pasar los años; y tampoco desdeñó a los olores fétidos que nos enseñan mucho; al igual que los olores de los muertos. En este acápite un aporte que nos deja el autor es la importancia para registrar y captar inusuales olores en nuestras propias vidas. Así como la relación que el escritor trazó entre el olor y el dolor, rescatada en la cita que describe la revelación del olor del piano y de su dolor o gemido. Así el autor nos hace pensar en las cosas que huelen y se duelen, una dimensión sensorial distinta que nos cambia nuestra capacidad de registrar olores.


Por otro lado, “la vista y el sentido de cambiar la representación de las cosas” nos ayuda a identificar la fuerza de la mirada, que es una potente energía en la obra de Saenz, siendo un golpe o una caricia, un veneno o un antídoto; las citas también nos acercan a la capacidad meditativa y mística para contemplar una caja, una puerta, un clavo, una mariposa nocturna o el mirar de los artistas que captan lo invisible . Así, recorremos en silencio y posamos también la mirada, esa fuerza que puede develar ocultos secretos y, que gracias a la paciencia y experiencia del autor podemos evocar, recrear y prestar atención a las señales de la vida que salen a nuestro paso. A través de la mirada profunda comprendemos ocultos secretos, logrando transformar la común representación de las cosas.


En “el oído y el sentido que guarda el sonido y las palabras” las citas bibliográficas de Saenz nos invitan a pensar en la importancia de las palabras, el sonido y hasta los alaridos de dolor que nos representan como especie. Aquí también la música tiene un papel importante, ya que ésta tiene, para el autor, la capacidad de la dualidad; al ser sonido y silencio al mismo tiempo. De esta manera, el autor no deja de brindarnos importantes aportes creativos para acercarnos al sonido y las palabras, tendiendo diferentes y nuevos puentes de entendimiento hacia lo que creíamos conocer, y también para retar a nuestros sentidos a llevar las experiencias a un nivel profundo, para extraer de este nuevo horizonte nuevos conocimientos sensoriales.


Con “el gusto y el sentido vital del alimento”, las palabras del autor nos permiten recordar los alimentos que nos gustan, aquellos que están ligados indisolublemente con nuestra cultura y nuestra tierra, recreando los lugares de compra y venta; así como las añoranzas de los personajes de sus obras por las comidas propias pero lejanas. Al ser también nuestra patria una tierra de excesos y gustos extremos, podemos reconocer pasajes culturales de las “comilonas” que se llevaban a cabo en los años en los que el autor estaba vivo, pero que hasta el día de hoy se crean y recrean, ya que es por el sentido del gusto que la fiesta y los excesos también se ven retratados.


El último sentido se presenta aquí como “el tacto, las manos y el sentido de las entrañas como extensión de la piel”. En este acápite, y gracias a las citas identificadas, podemos incorporar la percepción de Saenz ante las “oscuras entrañas”, como un sentido que nos permite sentir e interpretar lo que sucede en la realidad externa. Las entrañas permiten también, como una extensión novedosa, cumplir con una importante función sensorial al ser una extensión de la propia piel. Además, en algunos fragmentos se identifica la importancia que tiene para el autor el rol de las manos, ya que ellas ayudan a construir el mundo, a sentirlo y tocarlo, elevando su importancia por encima de la misma cabeza.


Asimismo, para finalizar los acápites tenemos “las maldiciones y el sentido de destrozarse la vida para encontrarla”. Aquí el autor nos interpela frente aquello que desconocemos, y evitamos, las temidas “maldiciones” que son concebidas como los vicios, y que hacen que el hombre pierda su camino y dilapide su vida. Estas maldiciones ingresan por los sentidos y los encadenan para hacerlos esclavos. Aquí tenemos la excesiva comida, la debilidad por el sexo opuesto o el alcohol. Todas son maldiciones que nos acercan a la muerte, pero que también, por oposición, nos acercan a la vida, generando movimiento, experiencias y profundos aprendizajes. De las maldiciones no se puede escapar, sólo queda tratarlas bien como lo señala acertadamente Saenz, y no juzgarlas desde lo negativo, sino comprenderlas en su verdadero sentido oculto.


En conclusión, luego de haber profundizado en los escritos de Saenz, nos queda claro que los sentidos en la obra del escritor fueron cuidadosamente desarrollados, para recrearlos, y para compartir el sentido oculto de todos ellos. Una característica fundamental en Saenz es la de hacernos ver, oler, escuchar, degustar y tocar en una forma diferente; evocando los verdaderos sentidos de nuestros sentidos. Gracias a la obra del escritor podemos experimentar un nuevo mundo dentro de este mundo, tan rico en revelaciones y profundas sorpresas sensoriales indelebles. Las citas del escritor siguen resonando en nuestros sentidos, despertando los ojos de nuestros ojos, las manos de nuestras manos, el olfato de nuestro olfato, el gusto de nuestro gusto y la piel de nuestra piel. Toda una trascendental transformación sensorial que nos permite descubrir el sentido oculto de todas las cosas.

 

SOBRE LA AUTORA

Verónica Stella Tejerina Vargas profesional boliviana – nicaragüense, magíster en Educación Intercultural Bilingüe (EIB) del Programa de Formación en Educación Intercultural Bilingüe (PROEIB Andes), en la ciudad de Cochabamba - Bolivia (2013). En esta ciudad obtuvo también su licenciatura en Lingüística aplicada a la enseñanza de lenguas, otorgada por la Universidad Mayor de San Simón (2006). Diplomada en Ciudadanías Interculturales por el Programa para la Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB) (2009), e Interculturalidad y Descolonización por el Instituto Internacional de Integración del Convenio Andrés Bello (IICAB) (2010), ambos en las ciudades de La Paz - Bolivia.


Además de realizar investigaciones en los temas de ciudadanía, interculturalidad y descolonización con pueblos indígenas y movimientos juveniles ha complementado su carrera académica con el de la fotografía y la ilustración artesanal/digital, ya que considera que el arte es poderosa herramienta creativa, generadora de reflexión, incidencia y transformación.

 

Bibliografía consultada

Jaime Saenz, (1989) La Piedra imán (Narrativa). Huayna Potosí. La Paz.

Jaime Saenz, (2007) Felipe Delgado (Novela). Plural. La Paz.

Jaime Saenz, (2008a) Los papeles de Narciso Lima – Achá. Plural. La Paz.

Jaime Saenz, (2008b) Vidas y muertes (Narrativa). Plural. La Paz.

Jaime Saenz, (2010a) Tocnolencias. Plural. La Paz.

Jaime Saenz, (2010b) en La Mariposa Mundial N°18.

Jaime Saenz, (2012) Imágenes paceñas. Plural. La Paz.

Jaime Saenz, (2015). Poesía reunida. Plural. La Paz.


Notas

[1] Con sentido oculto de los sentidos nos referimos a la capacidad de experimentar en profundidad diversas experiencias poco exploradas con los sentidos del olfato, vista, gusto, oído y tacto. Ya que gracias a estas profundas percepciones, de las cuales nos habla Saenz en sus libros, vamos construyendo una realidad magnética, distinta y atrayente. Asimismo, nos valemos de la palabra sentido para explotar sus múltiples significados, ya que aquí se refiere a los cinco sentidos, pero también nos conduce al sentido de las cosas, y a su carácter emotivo relacionado al sentir.

Entradas Recientes

Ver todo

Commentaires


bottom of page