• Reynaldo Bernal Cárdenas

Cómo ser un muerto decoroso (y no vivir en el intento)

por REYNALDO BERNAL CÁRDENAS I RELATO I COLOMBIA

 

¿Qué es la muerte? ¿Qué hay después de la vida? Parece preguntarse y responderse el siguiente texto. El autor nos presenta una narración en segunda persona que coincide con la celebración de Día de los muertos, Todos Santos o Halloween, según dónde se encuentre el lector.

(Instrucciones para muertos principiantes)

Mantener el decoro una vez franqueados los límites impuestos por esta vida ha de ser tarea simple, mas no por ello irrelevante. No podéis argüir cansancio cierto, pues no requiere esfuerzo ninguno. Sólo tenéis un tiempo, una oportunidad, aquella que pocos se dan al trabajo de aprovechar. Diestro soy en las arterías de enseñar a morir con decoro. Así pues, seguid mis consejos para asegurarte el debido reconocimiento entre las oscuras hordas que os esperan. No serán de ejercicio forzoso, por supuesto, pues a bien tengo respetar las decisiones de quienes pasan a mejor vida.


La serenidad es importante. Como en tiempos de tu otrora vida, recordad la primera advertencia que se os hizo frente a peligros apremiantes: mantener la calma. Ésta debe preservarse hasta que se abra paso la positiva resignación. Una vez domines en ti cualquier aprehensión, consecuencia de tu nueva condición, prepárate para el siguiente paso, el cual debes dar con toda exigencia, pues aquí a muchos he visto claudicar. Pero antes, no distraigas tu atención buscando encauzarte en la oscuridad de un túnel con luz en el extremo, ese camino −que parece de hormigas de tan angosto− suele estar transitado todo el tiempo. Preguntarte no debes la razón de haber adquirido prontamente el carácter de difunto, dejad esos vanos desperdicios de tiempo a cuantos desfilan hoy ante tu apacible y refulgente féretro, a los que no comprenden aún el prestigio de la muerte.


Toma para sí la más honda de las soledades: despojarte de todo les será posible, pero tu muerte es sólo tuya. Cuando la adquieras, imposible será renunciar a ella o siquiera pensar que te la desposean. No cejarás en tu empeño. Serás tan muerto como tú quieras (ser un muerto con galanura no es imposible, ¡esfuérzate!). Para ello puedes empezar por trabar amistad con la soledad; en realidad, careces de cualquier otra compañía. Conversar con otras soledades, que quizá se crucen en tu camino, será posible y ayudará en tu proceso de adecuación –las he visto desfilar a paso quedo–, pero no les permitas jamás acercarse a la tuya.


Hablaréis de cuanto os queda por vivir, es decir, por morir, porque, aunque no lo entendáis ahora, que apenas te estrenas, habrás de comprender que la muerte se vive para siempre. Vigilad la oscuridad, suele mantenerse al acecho de los nuevos para cubrirlos con su tosquedad discorde y borrar cuanto vestigio queda de su realidad. Tomaras la razón de morir como más cierta que la de vivir, puesto que esta última es sólo un soplo en la eternidad de la primera. El carácter de tu nuevo estado no te permitirá añoranzas de cuanto pudiste y no hiciste, así que échate a andar y no desistas en buscar tu lugar en la nulidad del vacío.


Tieso y sosegado como estás en tu caja mortuoria, advertirás un cortejo de parentela que poco o nada tuvo que ver contigo. Expuesto sin reserva estarás en esa vitrina –para deleite de muchos y pesar de pocos.


La tía Rosa ¿qué hace aquí la muy adicta? El primo Manuel, jamás lo viste más sobrio que hoy. Tu jefe William, ¿dejó ya a la zorra de su mujer? Antonio, tu hermano, ¡cerdo egoísta! no te pagó ni un céntimo de la deuda. Helena, tu amada esposa, acabas de notar su sonrisa ladina.


Harás sordos tus oídos (en realidad ya lo están) a cuantas cosas se digan de ti, buenas y malas. Desestímalas; sólo así podrás conservar el decoro y mantenerte, de cuantos allí están, como el más noble. Comprender tu nuevo estado equivale a aceptar esta premisa.


Rumbo al crematorio actuarás con presunción. Tu tiempo terminó, tu eternidad recién comienza. ¡Amalaya, triste destino de los que aquí quedan!

 

ACERCA DEL AUTOR

Reynaldo Bernal Cárdenas nació en Bogotá. Estudió música y años después fue seducido por los libros. El género del cuento ha marcado su cabalgar por la escritura. Participó en talleres literarios propuestos por Idartes Bogotá y el Ministerio de Cultura de Colombia. Algunos de sus cuentos han sido publicados en medios impresos y en línea de Colombia y de varios países, por ejemplo Narrativa Breve de España, diario colombiano El Espectador, Revista Ámsterdam Sur, diario Es lo cotidiano de México, y la Radio Nacional Argentina. En la actualidad vive en Bogotá y dedica la mayor parte de su tiempo a la escritura.


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