• Mario Portugal-Ramírez

Del cómic al cine: SUPERHÉROES

Actualizado: 8 oct 2021


por Mario S. Portugal-Ramírez

 

Las películas de superhéroes se han convertido en la última década en las principales apuestas de los estudios cinematográficos. A pesar de su éxito, la crítica especializada no siempre es indulgente con estos filmes y los desdeña como productos de consumo masivo de escasa calidad artística. Sin embargo, es necesario darles su correspondiente lugar como “artefactos culturales” para comprender las ideas que nos transmiten. Para ello, es útil analizar las fuentes en las que se sustentan, los cómics de superhéroes, para ver si mantienen las mismas líneas ideológicas que aquellas.


Los superhéroes surgieron a finales de los años 30 en unos Estados Unidos sumidos en la Gran Depresión, aunque en el umbral de convertirse en una potencia global. De esta manera, se buscaba mostrar una nación en proceso de expansión que se constituía en tierra de oportunidades para el migrante europeo, aún cuando enfrentaba dificultades internas como la delincuencia organizada y enemigos externos como los nazis (más tarde los comunistas). En este contexto, en 1938 surgió Superman, migrante alienígena (sus creadores, Shuster y Siegel, eran hijos de inmigrantes) nacionalizado por los Estados Unidos, quien con el tiempo encarnaría el “american way of life”. Tras el éxito de este primer superhéroe, cientos serían creados en los siguientes años.


La popularidad del cómic de superhéroes se acentuó sobre todo cuando EE.UU ingresó a la Segunda Guerra Mundial, pues los personajes hallaron en los nazis al enemigo definitivo. Sin embargo, tras el fin de la guerra surgió preocupación en las familias por la influencia que estas historias podían tener sobre la juventud y pronto el debate se tornó en una cuestión de Estado. De esta forma, para 1954 se creó la Comics Code Authority, ente de regulación que influyó en las políticas editoriales para censurar aquello que se consideraba inapropiado. La lista de prohibiciones incluía: eliminar referencias a la sexualidad, restringir la presencia de personajes “desagradables y espantosos” como vampiros y zombies o vetar las ilustraciones de policías, jueces y otros funcionarios públicos porque promovían el desacato a las autoridades.


La censura, junto a los acontecimientos históricos que vendrían (Guerra fría, Vietnam, armas nucleares, etc.) ocasionaron cambios en las historias de los superhéroes. De esta manera, a pesar de la dificultad para hacer crítica fuera de la ideología dominante, muchos artistas utilizaron sus trabajos para cuestionar a la sociedad y a la política norteamericana

en sus trabajos. Para ello se buscó dar mayor profundidad a las tramas y los personajes abandonaron esa condición de perfección moral que adquirieron en los años precedentes. Bajo este nuevo enfoque, a principios de los 60, nacieron héroes como Spiderman y Los Cuatro Fantásticos con historias que giraban no solo sobre sus poderes, sino también sobre sus problemas cotidianos. Los X-men, rechazados y perseguidos por ser mutantes, daban un paso hacia adelante, pues sus relatos reflejaban uno de los principales problemas de Norteamérica de aquellos años: la discriminación hacia colectivos como los afroamericanos o los homosexuales.


Las películas de superhéroes han bebido de arcos argumentales presentados en los cómics de las últimas décadas. La diferencia fundamental es que sus tramas quieren presentarse ya no solo como particulares a la sociedad norteamericana, sino a la humanidad entera. Además, edulcoran todo discurso crítico que pudiesen haber tenido las historias en las cuales se inspiraron. ¿No es acaso el pacifismo que pregonan películas como Iron Man una prueba de ello? Las armas son peligrosas, nos dice Iron Man, pero lo son más en las manos del Otro que en las de los Estados Unidos. Žižek acusaba también a la trilogía de Batman de fascista, pues trivializa la lucha de clases para mostrar a los revolucionarios como criaturas sedientas de sangre. Por ello, las películas de superhéroes no solo deben considerarse parafernalia de la industria hollywoodense, sino también símbolos ideológicos que pueden y deben ser desentrañados.

 

* Este artículo fue publicado bajo el nombre "Del Cómic al cine: los superhéroes invaden la gran pantalla" en el Períodico Cali Cultural No 216 (2016)

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