• Revista Boca 'e Loba

Entrevista a Alexander Buitrago


Crédito fotografía: Alexander Buitrago

Alexander Buitrago Bolívar es un escritor y poeta colombiano nacido en Zipaquira, municipio colombiano famoso por su centro hístorico colonial y por su catedral hecha de sal. Esta región salinera, es también cuna del escritor Germán Castro Caycedo, considerado como uno de los mejores cronistas colombianos y cuya obra ha sido traducida a varios idiomas.

Buitrago Bolivar vive en la actualidad de Sogamoso (Colombia) donde combina su rol como profesor de ética con la escritura, en la cual se desenvuelve en diferentes géneros como la poesía, la narración y la crónica. Es autor del poemario Estación del fuego (Editorial La Salle 2007) y varias de sus poesías han sido publicadas en diferentes medios como la antología La palabra provocada del Instituto Cultural Iberoamericano (2017). Además, ha obtenido preimos y reconocimientos literarios, entre ellos el premio internacional de poesía David Mejía Velilla por su libro Casa habitada en el 2017. A continuación Boca ‘e Loba presenta una antrevista a este poeta colombiano.

 

Boca 'e Loba (BL): ¿A que edad te interesaste por la lectura? ¿Qué circunstancias te llevaron a hacerlo?

Alexander Buitrago (AB): En realidad todo responde a un proceso. A mí no me gustaba leer. Tampoco fui un niño lector, quizás por falta de libros en la casa, aunque sí recuerdo que me empecé a interesar por una vieja historia sagrada que fui descuadernando meticulosamente y por unas cartillas de aprendizaje a distancia que mi padre guardaba en su baúl militar. Sí recuerdo haber quedado fascinado con El Jardinero de Tagore, poemario bellísimo que hallé entre trastos viejos y que me deslumbró desde el primer momento. Yo creo, contrario a muchos escritores, que fue en la universidad donde me empeciné en leer, en buscar mis lecturas, en consultar los autores que más gustaban. Fue estudiando la licenciatura que me lancé de lleno a formarme como lector y, años después, al cursar literatura, se afianzó aún más este proceso. Qué iba yo a saber que para ser escritor, para escribir una línea más o menos lumimosa, se requería el insumo de toneladas de libros leídos.

BL: ¿Cuáles son tus dos obras favoritas?

AB: Bueno, es una pregunta difícil. Muchas son mis obras favoritas. Sin embargo, quiero mucho El Jardinero de Tagore y La Historia Interminable de Michael Ende. Quiero mucho estos libros porque me remiten a mi infancia en mi pueblo natal.

BL: ¿En qué te inspiras para escribir?

Pienso, como muchos otros a quienes he escuchado, que la tal "inspiración" no existe. Sí creo en la persistencia de los sueños y en el trabajo de escritura como un oficio que, a fuerza de constancia, logra resultados, quizás inciertos. Por ejemplo, el resultado después de una jornada ardua de escritura comprometida puede ser tachones y hojas rotas. Los temas llegan de la vida. Y es la misma circunstancia vivida la que empuja a escribir. Y en ese sentido sí creo que a veces se escriba para vivir y se viva para escribir. Por eso en mis textos hablo de la vida, de la infancia o de mis experiencias en la escuela, siempre oyendo mi corazón.

BL: Tienes un poemario titulado Estación del Fuego (Editorial La Salle, 2007), pero también escribes cuentos ¿En cuál de estos géneros te sientes más cómodo? ¿Por qué?

AB: Me siento más cómodo escribiendo poesía, quizás, porque mis primeras lecturas fueron en poesía. Fue gracias a la poesía que empecé a soñar en ser escritor. Posteriormente, claro, vinieron otro tipo de lecturas. Además, también mis primeros ejercicios en escritura fueron tratando de hacer poemas y no cuentos o novelas. Para mí, la poesía me permite expresarme como soy y ser honesto. Puedo ahora darme cuenta que todos mis premios literarios son en poesía y no en narrativa. Pero entre mi primer poemario titulado Estación del fuego publicado por la Editorial La Salle en el año 2007 y, Casa Habitada, poemario merecedor en el 2017 del premio David Mejía Velilla otorgado por la Universidad de la Sabana, aprendí a no descartar otros géneros porque, recientemente, me han traído grandes satisfacciones insospechadas.

BL: Tu trabajo de escritura incluye la crónica, por ejemplo, tu trabajo “La buena educación empieza en Usme” que trata sobre cómo una escuela que sufría de problemas con pandilleros y vendedores de drogas se transformó gracias al trabajo de docentes y el cuerpo administrativo. ¿Cuan diferente es una crónica de una narración literaria?

AB: Tu pregunta me hace recordar el trabajo periodístico previo que tuve que hacer para, por ejemplo, recopilar la información. Otra cosa es, y eso hace parte del oficio de escritor, cómo armar la crónica a partir de la información encontrada. Pero sin lugar a dudas sí me esmeré más para sacar adelante esta historia, mucho más porque había que encontrar la historia oyendo a las personas y no escudriñando dentro de mí como puedo hacer con el cuento, la novela o el poema.

BL: Sabemos que te gusta la literatura clásica, de hecho hiciste un análisis del personaje central de la novela “Rojo y Negro” de Stendhal para la Revista de la Universidad de La Salle (Colombia). ¿Qué debería aprender un futuro escritor cuando lee unos de estos textos clásicos?

AB: Creo, sin dudar, que un escritor que se precie como tal debe aprender de los clásicos. Rojo y Negro de Stendhal me enseñó otra manera de contar que no había visto antes, otra historia que quizás siempre quise escribir y me otorgó la posibilidad de contar mis propias historias en prosa o verso, pero siempre con disciplina, esfuerzo, dedicación.

BL: Tu microcuento “Poeta Urbano” fue seleccionada y publicada por una revista española (Cuentos para el Andén, 2018) ¿Cuáles son las ventajas de escribir un microrrelato?

AB: Nunca antes me había aventurado en el microrrelato y Poeta Urbano me abrió las puertas a este universo maravilloso. Pienso, cuando trabajo microrrelatos (incluso al leerlos), pienso que siempre busco la ventaja de la condensación y de la sorpresa; en todo caso quizás el consejo de Cortázar sobre el famoso gancho al lector y contundente. Por eso es tan exigente. Aunque a veces siento que los microrrelatos que he escrito y publicado (hace poco La Esquina Delirante de El Espectador me publico otro microrrelato titulado Aprendiz de poeta) parezcan poemas y no cuentos. En todo caso escribir un microrrelato es tan arduo como trabajar en un cuento largo o en una novela.

BL: ¿Cuáles son tus proyectos actuales? ¿Puedes contarnos un poco más sobre ellos?

AB: Sí. Claro. Estoy trabajando un poemario erótico y quiero seguir puliendo una historia en prosa que quiero llamar novela pero que aún no sé si lo sea, una historia sobre realidades escolares.

BL: ¿Qué aconsejas a aquellos escritores que están comenzado?

AB: Es difícil dar consejos, pero quienes están comenzando solo tienen que seguir los impulsos de su corazón y lanzarse a escribir sin más, sin consejos de por medio. Ya verán cómo en el camino se van aligerando las cargas y, entonces, el viaje resulta delicioso porque escribir es viajar.

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